“Bienvenidos a la República del Ecuador” no es una frase que alegre a los venezolanos que viajan al menos cuatro días, por vía terrestre, desde su país hasta el puente de Rumichaca, frontera de Ecuador y Colombia.

Ellos abandonaron su tierra natal en busca de una mejor calidad de vida para sus familias.

Su travesía es una odisea. Sortean muchas dificultades al recorrer sin bañarse, sin dormir en una cama, alimentándose una vez al día y con un futuro incierto. Lo único que llevan en exceso dentro de sus maletas es esperanza, menciona Walter Rafael Galeano, de 24 años.

Él dejó Valencia, capital del estado de Carabobo, la capital industrial de Venezuela. “Viajé de Valencia a Cúcuta 6 horas, de Cúcuta para Bogotá 12 horas. Allí me quedé dos meses tres semanas trabajando para ahorrar el pasaje para venir acá con la intención de llegar a Perú. Pero me robaron y tuve que caminar 28 días. Algunos tramos viajé ‘guindado en gandola’ (colgado de algún camión)”, narra.

“Me vine sin pasaporte, en Venezuela cuesta seis millones de bolívares y para conseguir eso, con el sueldo mínimo, tendría que trabajar al menos cuatro años”, prosigue.

En Venezuela, el sueldo mínimo es de 248.510 bolívares, equivale a unos $ 4. Walter lleva cuatro días en Rumichaca. Allí carga maletas. “Un ecuatoriano me prestó su carreta, me prestó su fe y aquí estoy haciendo lo posible para conseguir pasaje para Perú”, manifiesta.

En Venezuela dejó a sus hijos de 4 y 2 años y de cuatro meses. “Cuando puedo hablo con mi esposa por Facebook y le digo que estoy bien, que duermo en una cama”, detalla Walter.

Las filas son interminables a ambos lados de la frontera, en Rumichaca. En Migración de Colombia ponen el sello de salida; en Ecuador, el de entrada. Las autoridades migratorias de Colombia evitan dar cifras, pero un policía menciona que “desde enero las largas filas son interminables” y que trabajan las 24 horas.

Del lado ecuatoriano, las filas de extranjeros que buscan legalizar su paso migratorio parecen sin fin. Las autoridades optan por sellar los brazos de viajeros numerándolos hasta el 1.000 para que respeten los turnos. Nayitzi León es la número 211. “Cada mil personas vuelve el conteo”, dice mientras se alimenta con galletas y atún.

“Estoy desde las 06:30 y ya son las 13:30, esperamos registrarnos para poder ir a Perú. Vine con mi pareja, un primo y un amigo. Vamos en busca de un mejor futuro, porque en Venezuela la situación está insoportable. Soy graduada en Educación y vengo dispuesta a hacer lo que sea”, determina.

Ella quiere ayudar a sus papás en la compra de medicinas. Mónica Ruano, jefa de Migración de Carchi, comenta que hay largas filas desde hace tres semanas, pero dice que no puede dar ninguna información a la prensa. 

Problemas de transporte
Luego del selllado de Migración, los venezolanos van a la terminal terrestre de Tulcán. Allí, la mayoría busca pasaje a Guayaquil para luego ir a Huaquillas y continuar a Perú o Chile.Carlos Vela, administrador de la terminal, comenta que el pasado 4 de febrero transportaron unas 9.000 personas de las cuales el 60%, unas 5.400, era de Venezuela. “El incremento se ha registrado desde el 1 de enero. Contamos con 262 buses de diferentes cooperativas, tenemos 160 frecuencias diarias ordinarias y en ocasiones hemos habilitado extraordinarias cada 50 minutos”, explica Vela.

 

(EU)

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